Galeno estaba convencido —y lo decía— de que era el mejor médico de su tiempo.
Y probablemente tenía razón.
Escribía cosas como:
“Si alguien discrepa de mí, es porque no ha entendido”.
El genio y el ego han convivido siempre en medicina. Por un lado el ego puede ser una herramienta de defensa y liderazgo, al proporcionar la confianza necesaria en momentos de estrés y ayuda a sobrevivir emocionalmente a los resultados adversos, pero por otro lado, un ego desmedido puede comprometer la seguridad del paciente y es una barrera para el trabajo en equipo.