Antes de ser “el gran Galeno”, fue médico de gladiadores en Pérgamo.
Allí aprendió más anatomía práctica que muchos teóricos: heridas abiertas, fracturas, hemorragias, infecciones.
Decía con ironía:
“Los gladiadores son los mejores maestros de anatomía”.
Hoy los residentes se afanan por ir a cursos, congresos pero no se dan cuenta que las urgencias y quirófano enseñan más que muchos libros.

