Después de más de treinta años entrando en quirófanos, a los 65 estoy descubriendo que una cocina y un quirófano tienen más cosas en común de las que parece.
Y no hablo de los cuchillos.
En ambos sitios hacen falta preparación, coordinación y equipo.
Pero hay algo todavía más importante:
hay que hablar con la gente.
Hablar antes de que aparezcan los problemas.
Preguntar qué está pasando.
Escuchar a quien trabaja contigo.
Explicar por qué se hacen las cosas.
Y, cuando algo sale mal, hablarlo en vez de dejar que el problema crezca.
En cirugía aprendí hace muchos años que un equipo que no se comunica acaba cometiendo errores.
Ahora compruebo que en una cocina, en un restaurante y seguramente en cualquier empresa ocurre exactamente lo mismo.
Puedes tener buenos profesionales, buen producto y buenas instalaciones.
Pero si las personas no hablan entre ellas, tarde o temprano algo falla.
A los 65 sigo aprendiendo.
Y una de las cosas que menos ha cambiado es esta:
los problemas casi nunca se arreglan dejando de hablar. Se arreglan hablando mejor.
Diario de un aprendiz a los 65. Capítulo 2
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Ayer fui el enfermo
Ayer me hicieron un cateterismo. Después de más de treinta años trabajando en un hospital, durante unas horas me tocó...
